Burgos no termina de afrontar una de las asignaturas pendientes de su movilidad. La ordenanza municipal en la que se recogen estas cuestiones, aprobada en 2020 con el compromiso de revisarse anualmente para adaptarse a la evolución de la ciudad, acumula ya seis años sin que se haya modificado una sola coma, más allá de lo referido a la Zona de Bajas Emisiones.
Y en ese vacío quedan por resolver cuestiones como la señalización de las calles ciclables, que no solo no se ha abordado, sino que en algunos casos se han eliminado, y la necesidad de ampliar esas vías para generar una red por la que los ciclistas puedan circular por el centro histórico. La asociación Burgos con Bici quiere aprovechar ese retraso para reabrir el debate sobre la circulación ciclista por el casco histórico. Como explica Israel Salcedo González, secretario del colectivo, han remitido al Ayuntamiento una propuesta para completar la red de calles ciclables del centro mediante dos corredores continuos, uno en sentido norte-sur y otro este-oeste.
Además, reclaman que el Consistorio cumpla la propia ordenanza y señalice las vías compartidas entre peatones y bicicletas, una obligación que, denuncia, sigue pendiente.
«Tenemos una especie de puzle, pero al que le faltan piezas». Con esa imagen resume Israel Salcedo la situación actual de la movilidad ciclista en el centro histórico. A su juicio, existen calles donde la circulación está permitida, pero los itinerarios carecen de continuidad y obligan a los usuarios a bajarse de la bicicleta para recorrer apenas unos metros antes de volver a montar.
La idea presentada plantea un corredor este-oeste por el Paseo de la Audiencia, entre el Arco de Santa María y la calle Eduardo Martínez del Campo, y un corredor norte-sur formado por las calles Santocildes, Moneda, plaza de Santo Domingo, Carnicerías, el entorno del Teatro Principal y San Gil.
No se trata, subraya la asociación, de convertir todo el casco histórico en ciclable, sino de completar una red que ya existe para hacerla funcional. En la documentación entregada se distingue entre las calles que ya permiten el paso de bicicletas, las consideradas «imprescindibles» para cerrar esos dos ejes y otras de «alto interés» que podrían incorporarse en una fase posterior.
Uno de los ejemplos que cita Salcedo se localiza junto al Paseo de la Audiencia. El itinerario ciclista llega desde el Teatro Principal por el pasaje Per Abbat, pero se interrumpe junto al Arco de Santa María. Esos escasos metros impiden enlazar con el puente de Santa María y, desde allí, con el carril bici de la avenida Valladolid, o con la calzada del paseo de la Audiencia, dejando incompleta una conexión estratégica entre ambas márgenes del Arlanzón.
Señalética
Junto a la ampliación de las calles ciclables, Burgos con Bici insiste en que todavía no se ha desarrollado plenamente la ordenanza vigente. La normativa establece que las calles compartidas entre peatones y bicicletas deben estar identificadas mediante la correspondiente señalización, algo que, según la asociación, sigue sin haberse materializado.
Recuerda además que las pocas señales verticales que llegaron a instalarse en lugares como San Lesmes y el puente del Gran Teatro fueron retiradas posteriormente por las dudas sobre su interpretación, lo que ha incrementado la confusión entre peatones y ciclistas. Aunque asegura que no tiene constancia de sanciones en esas calles, sí afirma que son habituales las discusiones porque muchos ciudadanos desconocen que la circulación ciclista está permitida.
La situación se abordó en el pasado Pleno municipal de este mes de junio, cuando la concejala de Vox, Carolina Mínguez, solicitaba al equipo de Gobierno que se colocara la señal —ahora solo queda el poste— para evitar esos conflictos. El concejal de Tráfico, José Antonio López, indicaba que no se puede colocar la señal de bicis porque es una zona compartida para peatones y ciclistas.
El caso es que la señal exclusiva de bicicletas puede no ser la adecuada, pero la Dirección General de Tráfico tiene desde hace un año un nuevo catálogo de señales y entre ellas aparece la de zonas compartidas de bicicletas y peatones. «Hay varias señales posibles porque una es cuadrada con una línea que separa peatones y bicicletas y, en este caso, en Burgos no tenemos esa línea, pero la propia norma de la DGT sí que dice que esa señal se puede adaptar a las circunstancias que sean necesarias para cada uno de los municipios», explica Salcedo, que considera que así se podría resolver el asunto en este y otros puntos ciclables.
La futura revisión de la Ordenanza de Movilidad no debería limitarse a incorporar nuevas calles ciclables, sino aprovechar para introducir herramientas que ya funcionan en otras ciudades y que faciliten la convivencia entre peatones y bicicletas en el casco histórico.
Carril bici a contramano
Una de las medidas que plantea es habilitar carriles bici a contramano en determinadas calles de sentido único. Se trata de permitir el paso de bicicletas en dirección contraria a la circulación de los vehículos mediante una sencilla señalización horizontal y vertical. Según explican desde la asociación, este tipo de soluciones ya están implantadas en ciudades como Vitoria, Valladolid, Logroño, León o Madrid y permiten acortar recorridos, hacer más directa la movilidad ciclista e incluso contribuir a reducir la velocidad del tráfico motorizado.
En el caso de Burgos, el colectivo considera que vías como Eduardo Martínez del Campo, Aparicio Ruiz o algunas calles del entorno de la Barriada de los Ríos reúnen las condiciones para implantar este sistema. «Son actuaciones muy rápidas de ejecutar, porque únicamente requieren pintura y señalización», sostiene el secretario de Burgos con Bici, que lamenta que las propuestas presentadas lleven tiempo sobre la mesa sin materializarse.
Otra de las iniciativas pasa por flexibilizar el acceso de las bicicletas a determinadas zonas peatonales mediante franjas horarias. Salcedo considera que la regulación actual resulta demasiado rígida y no tiene en cuenta que existen momentos del día, especialmente durante la noche o a primera hora de la mañana, en los que la presencia de peatones es muy reducida. Como ejemplo, cita horarios comprendidos entre las diez de la noche y las diez de la mañana, una medida que ya se aplica en algunas ciudades y que permitiría, por ejemplo, facilitar los desplazamientos cotidianos, como ir al colegio o al trabajo.
La idea más innovadora incorpora el uso de tecnología para regular el acceso en tiempo real. La asociación plantea instalar cámaras capaces de medir la densidad de peatones en determinadas calles y conectar esa información con una señal luminosa que autorice o prohíba automáticamente la entrada de bicicletas.